lunes, 13 de agosto de 2007

Nuestro equipo humano
























































Estudiantes de Medicina, Farmacia, enfermeras, periodistas, profesoras... Marta, María, Cristina, Raquel, otra Marta, otra María, Mar, Mari Paz, Susana, Kika, Mari Carmen... Elena, Estel, Laurence, Frederick, Rose, Lor... Y otras muchas marfileñas han hecho posible el proyecto social y sanitario en la aldea de Anna. Como reflejan las fotos, no sólo han trabajado, también han disfrutado de lo lindo. Todas hemos, sobre todo, aprendido.

Calurosa bienvenida




Con danzas, tambores y discursos de los notables de la aldea de Anna se nos dio la bienvenida. A pesar de la dificultad del idioma, los bailes, los gestos y el calor humano forman parte de un lenguaje universal. El resultado fue una integración perfecta.

La vida en la aldea Ebrié





























Así son sus calles, sus casas y sus cocinas. Así limpian los niños y van a por el agua. Viven sobre todo del cultivo, fabricación y venta del achequé, el alimento base en el país, que se extrae de un tubérculo llamado mañoca. También son pescadores, y los niños se zambullen en la laguna tirándose desde las canoas para hacer frente al calor.

Trabajando en la aldea






























En una antigua escuela desartalada montamos nuestro dispensario, que ha contado con consultas de pediatría, adultos y una zona de curas, además de una farmacia, gracias a los 254 kilogramos de medicamentos transportados desde España con la mediación de Farmamundi. Quien no podía ayudar en las consultas lo hacía en la iglesia de la aldea, reparando bancos, limpiando telarañas y blanqueando las paredes.










Hacia la aldea ebrié de Anna











La ebrié es una de las decenas de etnias que conviven en Costa de Marfil. Son acogedores y agradecidos, y residen en pequeñas aldeas en torno a la laguna Ebrié. En una de esas aldeas, Anna, se ha desarrollado nuestro trabajo durante tres semanas. Cada día recorríamos para llegar allí kilómetros de pista sobre un camino terrizo color terracota, entre la vegetación africana, salpicada de maizales, palmeras y árboles de caucho.

sábado, 11 de agosto de 2007

En las calles de Abidjan












Quien tiene una mesa la usa, y quien tiene un taburete lo mismo. Quien no tiene la suerte de poseer ni una cosa ni la otra, vende lo que puede directamente en el suelo. Así es la vida en Abidjan, la capital administrativa de Costa de Marfil, que engaña por sus rascacielos, pero que apenas tiene aceras, está repleta de gente que vive en la calle, y donde para comer se vende zumo y papel higiénico en los semáforos, o se presta el teléfono móvil en las esquinas a cambio de 100 francos el minuto.