




En una antigua escuela desartalada montamos nuestro dispensario, que ha contado con consultas de pediatría, adultos y una zona de curas, además de una farmacia, gracias a los 254 kilogramos de medicamentos transportados desde España con la mediación de Farmamundi. Quien no podía ayudar en las consultas lo hacía en la iglesia de la aldea, reparando bancos, limpiando telarañas y blanqueando las paredes.
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